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Dirección editorial: Dra. Adriana O. DONATO

Cirugía robótica

 

A menos de un mes de haber llegado de Quebec, donde fue co-chairman del primer Congreso Internacional de Cirugía Endovascular y Laparoscópica, el doctor Juan Carlos Parodi despliega la nutrida actividad que lo caracteriza: pasa del quirófano a los otros compromisos de una agenda que contempla treinta y cinco congresos anuales en un abrir y cerrar de ojos, y con la misma inspirada concentración que le permitió revolucionar la cirugía de los aneurismas (caracterizados por el debilitamiento e hinchazón de la pared de vasos sanguíneos).

"Esto es el sueño de todo médico -dice, rodeando con la mirada su nueva oficina de Fleni-. Un centro sin fines de lucro, con una administración transparente, en el que todo se reinvierte para el paciente y uno tiene a su disposición el último equipamiento..."

Parodi acaba de renunciar a la propuesta de un grupo de hospitales norteamericanos, encabezado por la New York University (le ofrecía la jefatura de un departamento de cirugía endovascular) para abocarse a formar un grupo de excelencia en el nuevo instituto de cirugía de alta complejidad en el país.

"Les dije que les agradecía mucho, pero que yo no servía para eso -cuenta-, mi interés en la medicina es diferente: lograr la excelencia absoluta en la atención al paciente. Eso me lleva a crear nuevos tratamientos, mejorar otros... Y me fue muy bien."

Por estos días, uno de los temas que lo apasionan es el uso de robots en el quirófano, una tecnología que gana adeptos en el mundo y está decidido a traer a la Argentina.

"Precisamente, en el congreso de Quebec, que organizamos con Yves-Marie Dion, uno de los pioneros de la cirugía cardiovascular laparoscópica, nuestra premisa fue explorar los modos de combinarla con la cirugía endovascular (ver recuadro) y con la robótica", explica.

Es que lo que el común de los mortales imaginamos como un vago futuro de ciencia ficción, para Parodi ya forma parte del presente: la transmisión mecánica de movimientos a través de computadoras que corrigen las maniobras, las redirigen... Ni más ni menos que desplazar al cirujano de ese puesto de semidiós de los quirófanos para dejar bisturíes y escalpelos en manos de... ¡una máquina!

"En la cirugía robótica el médico puede estar a kilómetros del paciente o en la habitación de al lado -explica-. Puede ver en una consola las imágenes tomadas por dos cámaras dirigidas por brazos robóticos que le ofrecen una visión tridimensional del campo de cirugía. Es más, las dirige con la voz. Y hay dos brazos que son sus manos distancia."

La idea de emplear robots en cirugía surgió en el Departamento de Defensa de los Estados Unidos. Allí estaban interesados en desarrollar máquinas que pudieran transmitir movimientos y conocimientos a distancia para utilizarlas en el campo de batalla.

Experimentalmente, los cirujanos robóticos -Da Vinci y Zeus- ya realizaron proezas inimaginables para un humano: conducidos desde Washington, redujeron una fractura en Arabia Saudita y realizaron una cirugía laparoscópica en Estrasburgo.

"La tendencia hoy es hacer todo mínimo , sin o con muy pequeñas incisiones, pero con la misma resolución -afirma Parodi-. Es decir, comparable, pero sin trauma."

Los movimientos parecen similares, aunque con la gran ventaja de que el software de la máquina corrige el temblor de las manos del cirujano y éste puede explorar el campo quirúrgico ayudado por una magnificación comparable a la que existe en la microcirugía.

"Usted puede, por ejemplo, poner un límite para evitar la perforación de una arteria -detalla el especialista-. La precisión es absoluta."

Los cirujanos reunidos en el congreso de Quebec dedicaron parte de las sesiones a hacer una evaluación de los pros y los contras de esta nueva tecnología. En la columna del haber ubicaron la posibilidad de trabajar en un campo muy pequeño, con una iluminación perfecta y con una precisión mayor que la de la microcirugía.

Entre las desventajas, la primera es el costo, alrededor de 800.000 dólares. Elevado, pero menor que los de los ya habituales equipos de tomografía computada o resonancia magnética nuclear. La segunda, una pequeña demora en la transmisión del movimiento.

"La transmisión mecánica es más lenta -dice Parodi-, hay una demora de algo más de una quinta parte de segundo. Es el tiempo de fusión de la imagen: si uno ve más de cinco imágenes por segundo, las fusiona, es el principio del cine. Molesta en movimientos muy, muy precisos; por ejemplo, cuando hay que unir una arteria de medio milímetro, pero se está mejorando."

De modo que todo indica que la cirugía robótica está aquí para quedarse y crecer en aplicaciones. Y no sólo augura una nueva época para el paciente, sino también para el cirujano, que deberá aceptar una intermediación en su toque maestro .

"Al comienzo choca -admite el cirujano-. A uno como que le da rabia, y piensa: "Este es un juguete caro con el que están tratando de impresionarnos". A mí me cayó mal al principio. Pero después me convencí de que es una herramienta útil. Yo diría que es más descansado, los movimientos son muy delicados... Por otro lado, se lo comparó con la cirugía laparoscópica, y la diferencia es abismal: el procedimiento se hace más rápido y con mucha mayor precisión. Por ejemplo, en una sutura de una arteria pequeña hecha con o sin tecnología robótica había una diferencia notabilísima. Sin embargo, no hay que pensar que se van a utilizar robots para todo: son un complemento."

Y concluye: "Cuando yo empecé en la Cleveland Clinic, la cirugía aórtica tenía una mortalidad del 10%, la morbilidad era del 40% y a los tres años la mitad de los pacientes todavía no estaba recuperada funcionalmente. Hoy el paciente entra por una puerta y se va caminando por la otra. Fíjese el impacto que tuvieron las técnicas que desarrollamos para los aneurismas.Yo diría que todavía falta, nos va a llevar bastante tiempo, pero de que la tendencia es ésa no me cabe ninguna duda".

Por Nora Bär LA NACION

 

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Última modificación: 12 de Mayo de 2007.